
La conjuntivitis es una afección muy común a la que a menudo nos referimos como "ojo rojo". Consiste en una inflamación de la conjuntiva (una membrana clara que recubre el globo ocular y la parte interior del párpado).
La mayoría de los casos tienen una breve duración. De todas formas, y aunque hay casos agudos que se curan sin más, es aconsejable y en ocasiones necesario, someterse a un tratamiento médico.
La conjuntivitis alérgica está relacionada con los cambios estacionales y pueden causarla la hierba o el polen. Otros alergenos como la caspa de los animales y el polvo pueden dar lugar a síntomas más prolongados en el tiempo. Entre los alergenos más comunes figuran los perfumes y cosméticos, los medicamentos para la piel, la contaminación ambiental y el humo. La conjuntivitis alérgica normalmente produce síntomas en ambos ojos a la vez, mientras que otros tipos de conjuntivitis afectan en primer lugar a un ojo y posteriormente al otro.

Todos los afectados por la conjuntivitis deberían acudir al oftalmólogo. Si la infección es bacteriana, el médico recetará antibióticos en forma de gotas de ojo o pomadas durante unos siete días. Si la infección es vírica o alérgica, se pueden lavar los ojos en casa con agua o agua ligeramente salada. Algunos remedios disponibles sin receta, como por ejemplo las soluciones limpiadoras, proporcionarán alivio a los ojos. La conjuntivitis alérgica se puede tratar con antihistamínicos recetados por el médico o mediante unas gotas de ojos especiales.
Después de una gripe o resfriado se tiene una mayor propensión a contraer conjuntivitis. Dado que la enfermedad es altamente contagiosa, todo aquel que la padezca o de algún modo pueda estar en contacto con un paciente debe lavarse las manos con frecuencia, especialmente después de tocarse los ojos, con el objeto de evitar el contagio a otras personas o de un ojo a otro. La infección también se propaga mediante la tos, los estornudos o por nadar en piscinas contaminadas en verano.
Es una buena costumbre no compartir con nadie gotas de ojos, pañuelos de papel, maquillaje de ojos o almohadas. Si un niño o adulto padece conjuntivitis alérgica, deben mantenerse cerradas las puertas y ventanas cuando sean altos los niveles de polen. También se debe limpiar el polvo con frecuencia.
La conjuntivitis neonatal puede prevenirse en los bebés sometiendo a las embarazadas a una revisión y tratamiento de Enfermedades de Transmisión Sexual, y esto es así dado que los síntomas de la infección pueden no ser manifiestos en las madres, pero es posible que las bacterias se encuentren en el canal de nacimiento. Se recomienda el parto por cesárea en aquellos casos en los que la madre padece de herpes genital activo en el momento del parto.