La córnea es una capa transparente en forma de cúpula que cubre la parte delantera del ojo y recibe la luz que entra en el mismo. La córnea necesita lágrimas para nutrirse y limpiarse de elementos indeseados. También recibe nutrición del humor acuoso, que llena la cámara inmediatamente posterior a ella. Gracias a la córnea y al cristalino, que enfocan la luz que entra en el ojo, podemos ver objetos ya sea de cerca o de lejos.

Cuando la córnea se deteriora hasta tal punto que ya no puede funcionar, un transplante de córnea puede ayudar a restaurar la visión y las funciones oculares.
Cuando la visión de una persona se ha deteriorado hasta el punto de que ya no puede ver correctamente, puede requerir un transplante de córnea.
También pueden producir lesiones corneales las quemaduras producidas por productos químicos, traumas meramente mecánicos o infecciones por virus, bacterias, hongos o protozoos.
La cirugía puede estar justificada cuando el daño a la córnea sea demasiado serio como para recibir un simple tratamiento con lentes correctoras.
El transplante de córnea es uno de los procedimientos de transplante humano que más se practican. Desde 1961 se han llevado a efecto más de 549.889 transplantes de córnea que han devuelto la vista a hombres, mujeres y niños.
En un transplante de córnea, se extirpa un disco de tejido del centro del ojo y se reemplaza por un disco del ojo del donante, para lo que se utiliza un instrumento llamado trépano. En una de estas formas de transplante, la llamada queratoplastia penetrante, el disco extirpado y el sustituto comprenden todo el grosor de la córnea. Más del 90% de todos los transplantes de córnea que se llevan a cabo en los Estados Unidos son de este tipo. En la llamada queratoplastia lamelar, sin embargo, sólo se extirpa y sustituye la capa externa de la córnea.
La córnea del donante se adhiere a continuación con finos puntos de sutura. La operación se puede llevar a cabo bajo anestesia local, con el paciente despierto, o bajo anestesia general, con el paciente en estado de inconsciencia. La operación suele durar entre 30 y 90 minutos.
Un procedimiento relacionado con éstos, pero menos corriente, es la llamada epiqueratofaquia, practicada generalmente con niños, y consistente en suturar la córnea del donante directamente sobre la superficie de la córnea del paciente. El único tejido que se le extirpa al paciente es la finísima capa de células epiteliales que se encuentra en la parte externa de la córnea. La córnea no queda dañada, con lo que la operación es reversible. En pacientes adultos se puede conseguir el mismo resultado con el uso de lentillas.
Una vez realizada la operación, el paciente debe llevar un parche ocular por las noches. Debe asimismo usar gafas o protectores oculares hasta que la herida sane. Por último se le administrarán gotas de ojo antibióticas (para evitar infecciones) y corticosteroides (para reducir la inflamación y prevenir el rechazo) durante varias semanas tras la operación.
El paciente notará en el ojo una sensación de picor e irritación durante varios días después de la operación. La visión permanecerá borrosa durante varios meses. Los puntos de sutura se mantendrán en su lugar durante un período que varía de 6 meses a 2 años.
Las probabilidades de éxito de los transplantes de córnea son muy altas. La tasa de supervivencia es de un 91’2% pasado un año y de un 80% al cabo de 4 años. Algunas afecciones como el keratoconus tienen una tasa de éxito aún mayor, que llega al 98’1%. Sin embargo, la cirugía siempre entraña ciertos riesgos. La complicaciones que pueden darse incluyen infección, glaucoma, desprendimiento de retina, formación de cataratas y rechazo de la córnea del donante (5-30% de los pacientes).
Si ocurre un rechazo, se puede detener mediante un tratamiento con esteroides. Las reacciones de rechazo pueden ocurrir poco después de la operación, pero puede que no ocurran hasta 10 ó 20 años después del transplante. Si ocurre un rechazo total, la operación puede repetirse.
Los transplantes de córnea no serían posibles sin donantes de tejido corneal. El proceso del transplante depende enteramente de la donación, valiosísimo presente que entrega un hombre o mujer a su prójimo. Los ojos humanos donados y el tejido corneal se utilizan para la investigación, la docencia y los transplantes.
Cuando se da el consentimiento para la donación, las córneas deben ser extirpadas quirúrgicamente en un período de doce horas tras la muerte del paciente. Son raras las afecciones, como por ejemplo las enfermedades infecciosas, que pueden llevarnos a excluir a un donante. Ni las cataratas, ni una visión deficiente, ni una edad avanzada impiden a nadie convertirse en donante.
Aunque sólo el año pasado se realizaron más de 46.000 transplantes, la necesidad de tejido corneal nunca está enteramente satisfecha. Como quiera que se están produciendo avances en el campo de la fabricación de córneas artificiales, se tiende a reservar las donaciones para los pacientes que requieren córneas de donante. La tasa de éxito es mayor con córneas donadas.
Si desea hacerse donante, lo mejor que puede hacer es informar a su familia de sus deseos, dado que no siempre es un procedimiento rutinario en los hospitales inquirir a la familia sobre de una donación de ojos.
Ojo por ojo- http://www.nepalitimes.com/issue188/health.htm
Asociación Americana del Banco de Ojos- http://www.restoresight.org/general/faqs.htm
Transplantes de Córnea- http://www.healthAtoz.com
Transplantes y Donaciones de Córnea- http://www.betterhealth.vic.gov.au