La diabetes es una enfermedad que afecta a la forma en que el cuerpo digiere la comida. Un cuerpo sano digiere los alimentos y los transforma en glucosa, que es una sustancia química que proporciona energía a las células del cuerpo. La hormona insulina es esencial durante este proceso. El cuerpo no puede prescindir de la insulina, puesto que mediante ella consigue la suficiente energía para crecer y mantenerse sano. Los diabéticos no pueden producir ni usar la insulina eficientemente.
La diabetes puede darse de dos formas: diabetes tipo I, (que es la que más afecta a niños y adolescentes); y diabetes tipo II, (que es la que más afecta a los adultos). Las causas de ambos tipos de diabetes todavía se desconocen; sin embargo, se piensa que la de tipo I tiene causas genéticas y que la de tipo II está más relacionada con factores relacionados con el estilo de vida, como la obesidad, la falta de ejercicio y una dieta deficiente. Ser de ascendencia afroamericana, hispanoamericana, amerindia, hawaiana nativa o de algunas islas del Pacífico aumenta el riesgo de contraer diabetes del tipo II. Ningún tipo de diabetes es contagioso; no se puede enfermar de diabetes por contacto con un diabético.
La persona que presente estos síntomas debe acudir a un médico para hacerse los análisis pertinentes que determinen si es diabético. Si así es, el médico y otros profesionales de la salud le ayudarán a controlar la enfermedad y evitar complicaciones.
| Enfermedades renales. | ![]() |
Estas complicaciones suceden porque la diabetes afecta a los vasos sanguíneos y a los nervios.
Dato importante: se puede estar en las primeras etapas de la retinopatía diabética sin saberlo, pues ésta no afecta a la visión al comienzo de su desarrollo.
| Normal Retina | Diabetic Retina |
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| Back of Healthy Eye | Back of Diabetic Retinopathy Patient's Eye |
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| New Blood Vessel Growth | |
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Lo más aconsejable es seguir una dieta y un estilo de vida saludables e ingerir alimentos que contengan carbohidratos complejos, en vez de grasa y azúcares. Las frutas y las verduras son esenciales para prevenir la diabetes. Además de esto, hay que hacer ejercicio físico regularmente, ya que ayuda al cuerpo a desagregar o digerir los azúcares.
A Lucy se le diagnosticó diabetes a los 12 años de edad y lleva más de 10 años viviendo con la enfermedad.
Lucy: “Me resultó un poco difícil adaptarme a mi nuevo género de vida tras el diagnóstico. No sólo a mí, sino también a mi familia. Tanto mis padres como yo tuvimos que aprender dietética para que mi alimentación fuera siempre saludable y estuviera controlada. Al principio tenía que apuntar qué y a qué horas comía. Ahora que tengo un mejor conocimiento de cómo controlar los niveles de glucosa y de qué es lo que contienen los alimentos que ingiero, no tengo que llevar registros escritos, pero sí llevo un registro mental. Trato de mantener una rutina para comer a las mismas horas todos los días y para llevar una dieta equilibrada y coherente. Todavía llevo registros escritos de mi nivel de glucosa, que mido todos los días.
Tampoco me olvido de hacer ejercicio alrededor de unos 20 minutos diarios y de tomar la medicación indicada por el médico. Mantenerme sana reduce las posibilidades de complicaciones como enfermedades oculares diabéticas, enfermedades renales o daños en el sistema cardiovascular”.
Si a usted ya se le ha diagnosticado diabetes, es de suma importancia que lleve un estilo de vida saludable que mantenga los niveles de glucosa tan cerca de lo normal como sea posible. También es importante que conozca los riesgos relacionados con la diabetes y las complicaciones que normalmente pueden surgir a causa de la enfermedad.
En esta sección, veremos cómo la diabetes puede afectar a los ojos y a la vista. La diabetes es una enfermedad grave, que, de no ser tratada, puede causar daños oculares o incluso ceguera. Sin embargo, hay muchas formas de reducir estos riesgos. La idea central de esta sección es que si se lleva un estilo de vida saludable y se visita a un oculista u oftalmólogo anualmente, los riesgos de acabar ciego se ven considerablemente reducidos.
Las complicaciones de la diabetes que pueden afectar a los ojos son principalmente tres:
Los diabéticos (de tipo I y II) tienen mayor riesgo de desarrollar cualquiera de estas enfermedades oculares diabéticas que las personas sin diabetes.
La retinopatía diabética es la enfermedad ocular diabética más común. La retina es, por así decirlo, la pantalla cinematográfica del ojo. Es una superficie situada en la parte posterior del ojo que recibe la luz proyectada por todo lo que vemos. La luz externa se proyecta en la retina, al igual que la luz proveniente de un proyector se proyecta en la pantalla cinematográfica. Para disfrutar de una buena visión, es esencial que la retina esté sana.
Hay una serie de vasos sanguíneos que riegan la retina. En el ojo sano, dichos vasos le proporcionan a la retina los nutrientes necesarios provenientes del torrente sanguíneo. Pero en el paciente que sufre de retinopatía diabética, los vasos sanguíneos en cuestión se deterioran e inflaman. Algunos se deterioran hasta tal extremo que son incapaces de realizar su función propia, a saber, proporcionarle a la retina los nutrientes necesarios. En fases más avanzadas de la retinopatía diabética, el propio cuerpo genera más vasos sanguíneos, de tipo alternativo, sobre la superficie retiniana para suplir a los que ya no funcionan. Estos nuevos vasos, sin embargo, son débiles y es posible que derramen sangre en la cavidad ocular principal. Y es precisamente esta filtración de sangre la que causa una pérdida de visión e incluso puede conducir con el tiempo a la ceguera.
En consecuencia, ¡no espere a que aparezcan los síntomas! Las etapas tempranas de la retinopatía diabética no presentan síntomas observables. Y por esta misma razón es necesario someterse a un examen ocular completo al menos una vez al año. Incluso los pacientes que controlan bien la diabetes tienen un riesgo elevado de contraer enfermedades oculares vinculadas a la misma. Durante el examen, el médico dilata la pupila mediante unas gotas especiales. Una vez dilatada la pupila, será más fácil observar el fondo del ojo, en el que se encuentra la retina.
La retinopatía diabética se puede tratar. La práctica más frecuente es un tratamiento mediante láser con el que se puede evitar que los vasos sanguíneos débiles derramen sangre al ojo. La sangre que se ha filtrado a la cavidad ocular bloquea la luz, que ya no puede atravesar el ojo y alcanzar la retina, lo cual da lugar a una visión borrosa e incluso puede conducir a la ceguera. También existen posibilidades de tratamiento posteriores a la filtración de sangre, sin embargo los métodos son más complicados que la simple cirugía con láser.
Dejemos hablar a Lucy: “A pesar de que controlo bien mi diabetes mediante una dieta cuidada, ejercicio diario e inyecciones de insulina, aun así he contraído retinopatía diabética. De momento mi visión no se ha visto afectada y el médico ha dicho que no es necesario ningún tratamiento. De todas formas debo acudir al oftalmólogo con más frecuencia para asegurarme de que la afección no va a más.
Creo que es importante que los diabéticos se den cuenta de los riesgos que la enfermedad conlleva para todas las partes del cuerpo. Con los ojos hay que tener especial cuidado, dado que los problemas pueden aparecer antes de que se sientan alguna molestia o cambios en la visión. Yo animo a todos los diabéticos a que se hagan examinar los ojos regularmente (una vez al año), a que coman adecuadamente y a que sigan los consejos de su médico acerca de cómo controlar la enfermedad. Añadiré que también los que no son diabéticos, pero tienen riesgo de llegar a serlo, reducirán en gran medida este riesgo mediante una dieta saludable sin exceso de azúcar y sal, abundancia de verdura y fruta y mediante el ejercicio físico”.