El glaucoma es una enfermedad que puede conducir a la ceguera o a una pérdida de visión. Su causa es una lesión del nervio óptico. Si se detecta y trata a tiempo, se puede minimizar o incluso evitar un daño permanente. Una vez que el daño ocurre, sin embargo, es irreversible.
Hay muchos tipos de glaucoma. Su forma más corriente es el glaucoma de ángulo abierto, también llamado glaucoma crónico.

El glaucoma de ángulo abierto lo produce una elevada presión en el globo ocular, que daña al nervio óptico y reduce la visión. Una elevada presión ocular no implica necesariamente la aparición del glaucoma, pero aumenta el riesgo. Otro tipo de glaucoma es el glaucoma de tensión baja o de tensión normal, que ocurre cuando el nervio óptico aparece dañado a pesar de que los niveles de presión sean aparentemente normales. El tratamiento es el mismo que se debe aplicar en los casos de glaucoma de ángulo abierto.
El glaucoma también puede surgir como consecuencia de una lesión, como la que se produce al recibir un golpe con una pelota de béisbol. A esto lo llamamos glaucoma secundario.
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| En un principio, el glaucoma de ángulo abierto no da lugar a ningún síntoma. No causa dolor y la visión es normal. | ![]() |
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De todas formas si el glaucoma no recibe tratamiento, la visión poco a poco se va deteriorando. Normalmente lo primero en deteriorarse es la visión periférica (capacidad de ver hacia los lados). |
| Si el glaucoma no recibe tratamiento, se pueden dejar de ver los objetos que se encuentran a los lados o se miran por el rabillo del ojo. | ![]() |
Si el proceso continúa sin tratarse, la visión se reduce progresivamente hasta extinguirse por completo.
El glaucoma puede desarrollarse en uno o ambos ojos.
El médico o profesional de la salud ocular puede efectuar diversos tests para la detección del glaucoma. Normalmente se combinan tests de presión intraocular con otros de campo visual para determinar el nivel de presión y el efecto de la misma sobre el nervio óptico. Asimismo se pueden tomar fotografías del nervio óptico para determinar su estado de salud. Estos sencillos tests aseguran un diagnóstico temprano de la enfermedad, de manera que se pueda tratar antes de que se produzca un daño irreversible.
El glaucoma no tiene cura. Cuando el nervio óptico se deteriora ya no puede repararse. Hay, sin embargo, varias opciones de tratamiento que minimizan el efecto y evitan un daño mayor. Entre estos tratamientos se encuentran la instilación de gotas en colirio, la trabeculoplastia con láser o, en su lugar, la cirugía de tipo convencional. A menudo se aplican estos tratamientos conjuntamente.
Se puede administrar medicación con el objeto de reducir la presión ocular, con lo que se previene un mayor deterioro del nervio ótico. Las gotas son el tipo de medicina más corriente. También se pueden utilizar pastillas.
La trabeculoplastia con láser es un tratamiento que puede aplicar el médico o el profesional de la salud ocular. Se utiliza una máquina de láser con el objeto de mejorar el drenaje ocular. Esta solución es más duradera que la administración de medicamentos, pero sus efectos se desvanecen con el tiempo.
En la cirugía convencional, se extirpa una pequeña porción de tejido del ojo, lo que crea una nueva abertura por la que el fluido puede ser eliminado.
A partir de los 35 años de edad, todo el mundo debería someterse a revisiones regulares para detectar los signos tempranos del glaucoma.
Tom era un hombre activo y sano, de 52 años de edad. Nunca había tenido problemas con la vista.
Un día fue a hacerse un chequeo rutinario con el médico, que le recomendó hacerse unos tests para ver si padecía de glaucoma.
El médico le explicó que a menudo la gente no sabe que tiene glaucoma hasta que no ha ocurrido un daño irreversible. La visión va deteriorándose poco a poco y no se percibe un cambio repentino hasta que se ha perdido buena parte de la misma.
Tom accedió a revisarse la presión ocular y a someterse a un test de campo visual.
Realizados los tests, el médico le dijo a Tom que tenía una presión ocular elevada y que su nervio óptico ya había quedado en parte dañado. Por suerte, el glaucoma se había detectado tempranamente y sólo había perdido una fracción de la visión periférica.
El médico le recomendó a Tom el uso de unas gotas para controlar la presión ocular.
El médico le propuso asimismo esperar a ver si la medicación era capaz de controlar el problema antes de decidir si era necesaria la cirugía con láser.
A Tom le sorprendió que fuera necesaria una medicación, ya que no tenía problemas con la vista ni dolores. El glaucoma, sin embargo, es una enfermedad insidiosa, y produce unos cambios tan graduales que el paciente no se da cuenta del progresivo deterioro de su visión.
Ahora Tom va regularmente a sus chequeos. No ha llegado a tener problemas de la vista y continúa utilizando las gotas prescritas por el médico.